El español “puro” tiene de todo

¿Es español, español? ¿De esos españoles cuyas familias no han emigrado y sólo se han casado con otros españoles españoles? ¿Sabe lo que ello significa?

espanolesA Marc, un joven repartidor de correos le da exactamente igual. Para Juan, un hombre ya de la tercera edad y vendedor de artesanías, es motivo de orgullo hablar de la “pureza” de su “sangre española”. Mientras que su esposa, Victoria, lo tiene bien claro “yo siempre digo que soy internacional”. En realidad, la composición genética de los seres humanos comprende una infinidad de marcadores que no se borran con el paso de los años, ni de los siglos, y que son la prueba de flujos migratorios y mezclas.

ESPAÑOL ‘PURO’
70% europeo
20% sefardí
10% norafricano

En el caso concreto de los españoles y los portugueses, es decir, de la población de la Península Ibérica, hay 70% de europeos, 20% de sefardí y 10% de norafricano.

“¡Lo normal!”, le dice a BBC Mundo Victoria mientras ayuda a su esposo a recoger el tarantín. “Mira, yo soy de un pueblo andaluz que se llama Mondújar, allí hubo de todo. Hubo moros, judíos y cristianos, por eso digo que mi sangre es internacional”.

Es la distribución

Francesc Calafell, profesor de genética de la Universidad Pompeu Fabra, y co autor del estudio sobre el legado genético de la diversidad religiosa y la intolerancia, coincide con Victoria en que no es de extrañar que en el mapa genético del español existieran trazas de musulmanes de África del Norte y de judíos sefardí.

Francesc Calafell
Lo que sí nos sorprendió fue su distribución geográfica, pues vemos menos el componente norafricano en el este y más en el oeste de la península
Francesc Calafell, Universidad Pompeu Fabra

“Lo que sí nos sorprendió fue su distribución geográfica, pues vemos menos el componente norafricano en el este y más en el oeste de la península. En particular, nos llamó la atención que hayamos encontrado una proporción tan baja en Andalucía oriental, en lo que fue el antiguo reino de Granada”, le explica a BBC Mundo.

Calafell, en su estudio, quiso describir la diversidad del linaje genético en el cromosoma Y -que define la masculinidad y tiene una estructura geográfica muy marcada- de la península a partir de 1.200 individuos y compararlos con las características del cromosoma Y de los sefardí y norafricanos.

“Se trata de españoles y portugueses (no emparentados) a quienes les pedíamos el lugar de nacimiento de sus antepasados. Queríamos eventos más antiguos a los movimientos recientes de migraciones y fijándonos en el origen de los abuelos quitamos éste ruido”, agrega.

Disgregación y conversión en vez de expulsión

Para entender el resultado del trabajo de Calafell, habría que remontarse al reinado de Isabel la Católica, tiempo de cruzadas, descubrimientos y expulsiones.

En 1492, la reina de Castilla decretó la expulsión de los judíos y permitió la estancia de los musulmanes, sólo por un decenio más.

“Pero no todos (los judíos) se fueron, de acuerdo a éstos resultados, muchos se quedaron y se convirtieron al cristianismo”, ésta es la explicación que el investigador tiene de que en la composición genética del español haya un 20% de sefardí.

No todos (los judíos) se fueron, de acuerdo a éstos resultados, muchos se quedaron y se convirtieron al cristianismo
Francesc Calafell, Universidad Pompeu Fabra

En cuanto a los musulmanes, con la reconquista de Granada, también en 1492, a la población local se le permitió continuar practicando el Islam. “Pero a mediados del siglo XVI, se dan las revueltas moriscas y el resultado es que parte de esa población es expulsada hacia el norte de África y otra parte es deportada y dispersada”, continúa Calafell.

Así, en el mapa genético se encuentra una mayor concentración de componente musulmán en Galicia, Asturias, León y Extremadura que en Andalucía oriental, a pesar de su proximidad geográfica con el continente africano.

“Revolucionario”

Si a la vendedora de artesanías le pareció lógico el resultado del estudio de Calafell, y el chico repartidor de correos le restó importancia, para la historiadora especialista de la Universidad de Barcelona, Dolors Bramon, el trabajo es “revolucionario”.

ESTUDIO REVOLUCIONARIO
Dolors Bramon
Porque ha roto tópicos, porque se tenía la idea de que habían venido muchos moros, muchos árabes, a España y que por tanto nosotros, los españoles actuales, éramos descendientes de estos árabes
Dolors Bramon, Universidad de Barcelona

“Porque ha roto tópicos, porque se tenía la idea de que habían venido muchos moros, muchos árabes, a España y que por tanto nosotros, los españoles actuales, éramos descendientes de estos árabes. Se hacían algunas excepciones, se decía ‘el norte no tanto, el sur mucho más'”, le explica a BBC Mundo la académica especializada en el estudio de la cultura musulmana.

En otras palabras, el estudio genético demuestra que la época de ocupación musulmana en la Península Ibérica, más que de conquista fue de penetración del islamismo.

“En aquella época, el imperio visigodo estaba en una decadencia enorme. La sociedad hispánica estaba desecha y prácticamente no tenía gobierno”, aclara Bramon. “Estos súbditos dijeron ‘viene gente de afuera y posiblemente será mejor’. Y fue mejor porque la cultura mejoró”.

La profesora agrega que para cuando llega la victoria de los cristianos en las cruzadas, los musulmanes contra quienes pelearon eran ibéricos cuyas familias habían adoptado el Islam. No eran norafricanos, al menos no en su mayoría.

“Por lo tanto es lógico que el remanente sanguíneo o étnico del resultado fuera el ibérico”.

La religión no va en la sangre

En cuanto a los judíos, Bramon coincide con Calafell. “Estas cifras son la confirmación fueron relativamente pocos los expulsados, porque el resultado del ADN nos dice que hay un tanto por ciento importante de judíos”.

En todo el siglo XVI hay esta preocupación por la limpieza de la sangre (…) y pareciera que todavía hay gente anclada en ese siglo, y no se puede barrer debajo de la alfombra, por mucha limpieza étnica que trate de hacerse
Dolors Bramon, Universidad de Barcelona

Para los expertos hay otra conclusión. Y es que la religión y/o la cultura no va en la sangre, ni en las características físicas o genéticas del individuo y que cuando se habla de limpieza étnica, se está expulsando o exterminando a un individuo que tiene la misma composición genética que su adversario, pero con ideología distinta.

“(Este estudio) es simplemente un ejercicio de introspección que puede ser interesante ver cómo somos el resultado de nuestra historia. También a veces pone en relieve algunos eventos de nuestra historia que son poco conocidos o incluso se han querido ocultar”, comenta Calafell.

“En todo el siglo XVI hay esta preocupación por la limpieza de la sangre, por poder demostrar que uno era castellano viejo y pareciera que todavía hay gente anclada en ese siglo, y no se puede barrer debajo de la alfombra, por mucha limpieza étnica que trate de hacerse”.

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