Esta es una buena noticia: El 94% de las trabajadoras sexuales abandonaría ese oficio a cambio de un empleo

El 94 por ciento de las mujeres que trabajan en el negocio sexual en el país abandonaría este oficio, siempre y cuando el Estado les ofrezca nuevas condiciones laborales y ejecute políticas que las inserte a la sociedad de manera efectiva.

La información está en el estudio llamado “Situación de las mujeres que realizan actividad sexual comercial en Santo Domingo y La Romana”, auspiciado por el Centro de Estudios Sociales Juan Montalvo. Con el objetivo de motivar la regulación y control de la condición laboral de las trabajadoras sexuales, este proyecto de investigación intenta mostrar la importancia de crear planes orientados a disminuir los niveles de pobreza, la falta de oportunidades laborales y el desequilibrio de género en la ciudadanía.Ante esta realidad, las investigadoras del Centro Juan Montalvo proponen que el Gobierno ejecute programas de inserción social para las trabajadoras sexuales, con la finalidad de que los problemas estructurales que las motiva a dedicarse a esta actividad sean erradicados de la sociedad. “Todos estos aspectos evidencian la presencia de una violencia estructural, ejercida a través de la falta de inversión social, la cual podría ofrecer a estas mujeres otras oportunidades para la realización de sus aspiraciones”, enfatizó la doctora en Medicina Familiar y Comunitaria, Ana Gómez.

Sin alternativas

La especialista aseguró que el Estado tiene una responsabilidad “ineludible” en la construcción de alternativas de vida para que las mujeres no se vean obligadas a participar en el comercio sexual y el crimen organizado.

Resaltó, además, que se requiere de una intervención firme y continúa en materia de prevención, con el propósito de evitar la entrada de menores de edad a este negocio, lo que hace “impostergable” el desarrollo de acciones que abran nuevos caminos de superación para las mujeres dominicanas.

Esta investigación, en la que se encuestó a 100 mujeres jóvenes, reveló que el 73 por ciento de las trabajadoras sexuales se inicia en este oficio por necesidades económicas y la desigualdad de género, lo que hace evidente el poco acceso a los servicios básicos –como educación y salud- en las zonas más pobres de la República Dominicana.

“Las mujeres que trabajan en el negocio sexual se inician en edades muy tempranas y lo hacen movidas por la necesidad económica, ya que la mayoría invierten sus ganancias en mantener a su familia”, enfatizó la doctora en Medicina Familiar y Comunitaria.

Las trabajadoras sexuales encuestadas reconocieron tener de uno a tres hijos, los cuales mantienen sin la ayuda del padre, puesto que el 73 por ciento no convive con una pareja de forma estable.

También las evaluaciones indican que la mayoría de las mujeres consultadas, cuyas edades oscilan entre 18 y 35 años, se inician en el trabajo sexual a edades tempranas, incluso antes de haber alcanzado la mayoría de edad.

Pese a que aún no existe una legislación que prohíba el comercio sexual, la incidencia de este tipo de actividad en el país representa un gran problema de seguridad ciudadana y exclusión social, de acuerdo con la especialista.

En la actualidad, explicó Gómez, la República Dominicana no cuenta con estadísticas que permitan cuantificar el número de trabajadoras sexuales, a causa de la dificultad que tienen los investigadores de acceder a los negocios que prostituyen y explotan a las mujeres.

A su juicio, el hecho de que no se conozca la incidencia del trabajo sexual dificulta la ejecución de un tratamiento adecuado por parte de las autoridades, ya que se suele crear planes con base en “hipótesis”, sin saber -a ciencia cierta- la magnitud del problema a erradicar.

Entre la humillación y el maltrato

La psicóloga Ana Celestino explicó a su vez que las trabajadoras sexuales son víctimas de la humillación y el maltrato físico, puesto que los prejuicios sociales que invaden la sociedad son causantes de que el 67 por ciento tenga niveles bajos de autoestima.

“La explotación sexual es un problema social, pero que tiene implicaciones psicológicas; este trabajo hace que estas mujeres sean discriminadas y humilladas”, dijo Celestino tras afirmar que el método idóneo para eliminar este “mal” de la sociedad es la educación desde los hogares.

Alrededor del  48 por ciento de las encuestadas sufrió maltrato físico, un 38 por ciento abuso sexual y un 40 por ciento fue víctima de la delincuencia, produciendo en ellas un sentimiento de rechazo social.

De acuerdo con el estudio, los agentes policiales, encargados de velar por el orden público son los principales transgresores de los derechos de estas mujeres, lo que agrava el maltrato y la violencia sexual.

Sostuvo, de igual manera, que se necesita efectuar investigaciones sociales completas y responsables sobre esta temática, a fin de crear políticas dirigidas a sensibilizar a la ciudadanía en relación a los posibles riesgos que implica el dedicarse a esta actividad.

Clave Digital

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