¿Podrá el matrimonio capear el temporal?

“Lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre.” (MATEO 19:6.)

MUCHOS edificios en apariencia sólidos fueron arrancados de sus cimientos y quedaron con su estructura hecha pedazos. Las terribles tormentas que han azotado en los últimos años extensas zonas del planeta han sometido a la mayor de las pruebas la calidad y resistencia de innumerables construcciones.

No obstante, otro tipo de tormenta está causando estragos en los cimientos y la estructura de la antiquísima institución matrimonial. “Para bien o para mal, el matrimonio ha perdido su relevancia en la vida personal y social”, declara Stephanie Coontz, especialista en historia de la familia.

¿Ha notado usted los efectos de este fenómeno? ¿Opina que el matrimonio está perdiendo su prestigioso lugar en la sociedad? Y de ser así, ¿sabe por qué? ¿Hay algo que garantice la felicidad duradera en esta unión? Pero antes de nada, ¿sabe a qué amenazas se enfrenta esta institución?

Ataques contra el matrimonio

Los ataques contra el matrimonio no son ninguna novedad, pues se remontan al principio de la historia. La crisis actual que atraviesa esta institución tiene su origen en características y actitudes desarrolladas ya por nuestros primeros padres. Cuando Adán y Eva cedieron a sus deseos egoístas, “el pecado entró en el mundo” (Romanos 5:12). El registro bíblico explica que, no muchos siglos después, “toda inclinación de los pensamientos del corazón [del ser humano] era solamente mala todo el tiempo” (Génesis 6:5).

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Una de las inclinaciones que sigue corroyendo a los matrimonios es la búsqueda sin freno de la satisfacción individual. En este mundo seducido por una nueva moral, el mero hecho de casarse pudiera parecer una costumbre anticuada y poco viable. Además, la liberalización de las leyes ha llevado a que el divorcio no esté tan mal visto como en el pasado.

“En esta sociedad acostumbrada a deshacerse de lo que no nos sirve suele adoptarse una actitud similar con las relaciones de pareja.”—SANDRA DAVIS, ESPECIALISTA EN DERECHO DE FAMILIA

La gente impaciente que busca resultados rápidos y gratificación instantánea no piensa siquiera en las consecuencias del divorcio. Atraídos por seductoras promesas de libertad e independencia, creen que el divorcio les abrirá la puerta a la felicidad.

Otras personas, al surgir graves dificultades en su relación, recurren a terapeutas y consejeros matrimoniales, así como a sus libros. Por desgracia, algunos de estos “expertos” han contribuido más a romper las parejas que a salvarlas. Según el libro The Case for Marriage (Defensa del matrimonio), “es posible que nunca antes se haya sometido al matrimonio como ideal a ataques tan continuos y, sorprendentemente, tan eficaces. A veces se trata de ataques ideológicos directos por parte de ‘especialistas’ para quienes el voto de mantener fidelidad de por vida es poco realista e incluso opresivo”.

Cambio de mentalidad

Igualmente ha cambiado la forma de entender la naturaleza y el propósito del matrimonio. Quizás haya notado que ya no se valoran la lealtad y la comprensión, sino que cada cónyuge se centra en su realización personal, aunque esta se obtenga a costa del otro. Según la revista Journal of Marriage and Family, la transición a esta visión egocéntrica “comenzó en los años sesenta y se aceleró en los setenta”. Las razones tradicionales para casarse —el amor, la intimidad, la fidelidad, la procreación y la realización mutua— han perdido fuerza.

Otra serie de acontecimientos recientes han acelerado todavía más la transformación del matrimonio en muchos lugares. Primero, el antiguo reparto de tareas —él ganaba el pan y ella cuidaba la casa— ha variado en numerosos países. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral, se ha disparado el número de parejas en las que ambos trabajan fuera del hogar. Segundo, la sociedad es cada vez más tolerante con la maternidad o la paternidad fuera del matrimonio, lo que ha propiciado el aumento de las familias monoparentales. Tercero, se está generalizando la opción de la convivencia (véase el recuadro “Menos estables que los matrimonios”). Y cuarto, las uniones homosexuales y el movimiento para legalizarlas han logrado amplia aceptación. Ahora bien, ¿qué puede decirse de usted? ¿Han repercutido estas tendencias modernas en su visión del matrimonio?

“Menos estables que los matrimonios”

Muchas parejas heterosexuales viven juntas sin casarse. Sin embargo, estas uniones son “menos estables que los matrimonios”, según cierto informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Algunas de estas parejas recurren a la convivencia para asegurarse de que son compatibles. Ahora bien, ¿les impide esto equivocarse al elegir, y facilita que tengan un matrimonio feliz? De acuerdo con la revista Journal of Marriage and Family, los estudios parecen indicar lo contrario. “Entre las personas casadas, la convivencia premarital va unida a una menor satisfacción conyugal […], una mayor incidencia de problemas en el hogar, y […] una mayor probabilidad de fracaso matrimonial”, señala la revista.

Hombre abandona a la mujer con la que ha convivido

Crecientes índices de divorcio

Examinemos las cifras de varios países para ver hasta qué punto se ha visto afectado el matrimonio por la popularidad del divorcio. Según un reciente informe, “el número de parejas divorciadas [en Estados Unidos] se ha cuadruplicado entre 1970 y 1996”. En total, 1 de cada 5 adultos ha sido castigado por los destructivos vientos del divorcio. ¿Qué matrimonios son más proclives al fracaso? Las estadísticas indican que cerca del sesenta por ciento de los divorcios se producen en los primeros diez años de matrimonio.

En otros países el incremento es similar. En 2004 se alcanzó un total de 153.490 divorcios en Inglaterra y Gales. El 40% de los matrimonios de Australia termina en ruptura. En la República de Corea, se disolvieron 167.100 matrimonios en el año 2003, o sea, 21.800 más que el año anterior. Y en Japón, cuya tasa de divorcios es cada vez más parecida a la europea, fracasan 1 de cada 4 matrimonios. “En el pasado, solo se disolvían en los peores casos —declaró un experto en temas familiares de la Universidad de la Cruz Roja Japonesa—. Hoy día es una mera cuestión de estilo de vida.”

En algunos lugares, la estabilidad del matrimonio se veía favorecida por instituciones religiosas y tradiciones sociales centenarias. Pero ni siquiera estos elementos bastan para contener la creciente aceptación social del divorcio. Tomemos por caso a la Iglesia Católica, que, aunque considera sagrado el matrimonio, en 1983 relajó los requisitos para disolver este vínculo. Desde entonces, el número de anulaciones no ha dejado de aumentar.

Longevidad y matrimonio

La esperanza de vida es hoy mayor que antes. Pero incluso este logro ha añadido tensión a las parejas. Hoy, el divorcio acaba con muchos matrimonios a los que, en el pasado, la muerte hubiera puesto fin. Así, en Japón se está dando un peculiar trastorno entre las mujeres que llevan muchos años casadas. Según The Washington Post, los entendidos lo denominan “síndrome del marido jubilado”. Una esposa que llevaba cuarenta años casada recuerda que, cuando se enteró de que su marido iba a jubilarse, pensó: “Voy a tener que divorciarme. Ya era malo tener que atenderlo cuando llegaba del trabajo. Pero que ahora se pase el día entero en casa… Eso es más de lo que puedo aguantar”.

Matrimonio mayor discutiendo

Resulta obvio que las fuerzas que daban solidez al matrimonio están perdiendo intensidad. Sin embargo, no todas las causas son tan evidentes. De hecho, además del deterioro general de la sociedad, la avalancha de fracasos matrimoniales

Una causa oculta de la tormenta

La Biblia explica que Satanás, el mayor egoísta de todos los tiempos, ejerce sobre el mundo una influencia invisible cada vez más perniciosa. ¿Por qué? Tan enojado está el Diablo por haber sido arrojado del cielo a la Tierra que se ha propuesto crear tantos problemas como pueda, lo que provoca constantes lamentos. Y la institución divina del matrimonio es apenas uno de los blancos de su malvada cólera (Revelación [Apocalipsis] 12:9, 12).

Refiriéndose al período que seguiría a la expulsión de Satanás del cielo, Jesús dijo: “Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte” (Mateo 24:12). Y el apóstol Pablo escribió: “Los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural [o familiar], no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios” (2 Timoteo 3:2-4). Estas desagradables características han existido desde siempre, pero en los últimos tiempos se han vuelto más marcadas, como de seguro reconoce la mayoría de la gente.

En vista del temporal que está azotando a la institución del matrimonio, ¿qué pueden hacer las personas casadas para protegerse y disfrutar de un matrimonio verdaderamente feliz y duradero? El próximo artículo contestará esta pregunta.

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