Tortuga extinta podría revivir

Una especie extinta de tortuga de las islas Galápagos, Geochelone elephantopus, podría caminar la Tierra otra vez, según los científicos. En un informe publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos (PNAS), los investigadores dicen haber encontrado parientes cercanos de la Geochelone elephantopus vivas y coleando.

Una reproducción cruzada de estas tortugas vivas podría recrear la especie extinta – aunque el proceso podría tardar un siglo. La distribución de tortugas emparentadas entre las islas fue una de las evidencias que Charles Darwin utilizó para formular su teoría de la evolución. Pero de 15 especies de Galápagos conocidas, cuatro están extintas. La elephantopus desapareció menos de dos décadas después de que Darwin visitara las islas.

Las islas del Archipiélago de Galápagos están habitadas, de forma maravillosa, por especies muy estrechamente relacionadas
Charles DarwinSobre el origen de las especies

Ahora, de acuerdo a Gisella Caccone, de la Universidad Yale en EE.UU., existe la posibilidad que Floreana, la isla que hospedaba estas criaturas, podría sentir el peso de sus pisadas otra vez. “Necesitaríamos unas tres o cuatro generaciones para hacerlo”, le comentó a la BBC.

“Pero, en teoría, se podría hacer y creo que es bien emocionante rescatar de la muerte un genoma que creíamos desaparecido”.

Botín de las balleneras

Cuando la embarcación HMS Beagle visitó Galápagos en 1835, Darwin observó que muchas de las islas eran hogar de gigantescas tortugas que compartían una cantidad de características, aunque tenían distinciones de isla a isla.

El vicegobernador del archipiélago dijo al naturalista que podía identificar la isla de origen de cada tortuga por la simple apariencia de esta.

Darwin luego dedujo que los animales habían llegado a Galápagos desde la masa continental de Sudamérica, donde se pueden encontrar especies similares.

Investigador de la Univesidad de Yale

Investigador de la Univesidad de Yale examina un especimen de elephantopus.

Como con otros grupos de animales, él creyó que una vez un grupo de tortugas llegaba a una isla, vivirían en relativo aislamiento y las poblaciones de cada isla evolucionarían con sutiles diferencias.

“De este modo las varias islas del Archipiélago de Galápagos están habitadas, como se ha demostrado de forma maravillosa por especies muy estrechamente relacionadas; de manera que las que habitan cada isla individual, aunque distintas, están emparentadas en un grado incomparablemente más cercano entre sí que a las que habitan otras partes del mundo”, escribió Darwin en su obra maestra Sobre el Origen de las Especies.

Pero también fue testigo de cómo algunas de las islas estaban siendo mermadas de sus fantásticas criaturas por barcos balleneros, que atrapaban las tortugas para luego matarlas y consumirlas durante la travesía.

La doctora Caccone cree que unas 250.000 tortugas pudieron haber sido retiradas de esta manera. Floreana, por ser una isla relativamente plana y por ende fácil para la cacería, sufrió más que las otras, ocasionando la desaparición de elephantopus.

La isla más grande de todas, Isabela, no estuvo tan devastada. Cerca de uno de sus volcanes los investigadores encontraron un grupo de animales que no se parecían a los otros. Un análisis genético ha demostrado que están estrechamente relacionadas al linaje de Floreana. Una posible explicación es que, de vez en cuando, la tripulación de las balleneras encontraban que cargaban más tortugas de las necesarias y arrojaban por la borda el exceso de animales en aguas poco profundas cuando regresaban por entre el archipiélago. Algunas de las tortugas de Floreana llegaron así a Isabela, donde sus genes se mezclaron con los de otras especias muy lentamente – pues les toma unos 25 años para producir una nueva generación.

Larga espera

Descubrir a los parientes es una cosa; pero usar su herencia genética para resucitar la especie extinta de Floreana es otra. El equipo de la Universidad de Yale planea montar una investigación más detallada de la región del volcán Wolf en Isabela para identificar más animales que tienen los genes de elephantopus. Luego observarán individuos de interés, los catalogarán según el genotipo y luego los cruzarán selectivamente de acuerdo a qué versiones de qué genes contienen, eliminando el elemento aleatorio de los cruces convencionales. Pero, debido a que la madurez sexual de estos animales llega más o menos a los 25 años, aún si el proyecto empieza ahora, no estaría culminando pronto. Se tendría que esperar un buen siglo.

BBC Mundo

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