Casa vivió El General Gregorio Luperón está a punto de desplomarse

Convertida en un refugio de indigentes y hecha un montón de madera podrida y zinc en mal estado, está la casa 54 de la calle 12 de Julio de Puerto Plata, donde vivió y murió hace 109 años el general Gregorio Luperón, héroe de la Restauración de la República.

Pese a que fue declarada Patrimonio Nacional por el presidente Leonel Fernández, esta vivienda de dos niveles, podría desplomarse en cualquier momento, aplastada por los años y el descuido. En esta humilde casa murió el 21 de mayo de 1897, a  los 58 años, el general Luperón, a causa de quebrantos de salud que motivaron al general Ulises Hereaux (Lilís) a buscarlo en  la isla de Saint Thomas. La vivienda pintada de verde con ribetes blancos, tiene cuatro puertas en el frente, las mismas que usaba el héroe de la Restauración, cuando vivía en Puerto Plata luego de sus años de gloria.

Las dos puertas centrales permanecen cerradas con candado, la tercera con una tabla con clavos y la restante abierta en forma permanente debido a que da acceso a la escalera que lleva al segundo nivel. La madera de las escaleras está tan podrida que nadie se atreve a subir por ellas por temor a un derrumbe, similar a lo que pasa con lo poco que queda de la baranda del segundo nivel. Del techo de zinc tampoco hay mucho que decir debido a que sólo es útil en días soleados, ya que cuando llueve es como si no existiera. En la parte frontal de la casa se observa, una bandera nacional y una tarja de la Comisión Nacional de Efemérides Patria informando que allí murió Gregorio Luperón el 21 de mayo de 1879.

Eugenio Morrobel, un anciano nativo de Puerto Plata, se autoasignó la labor de vigilar la casa de Luperón, sin que el Estado ni nadie le pague, a cambio de lo cual disfruta de una estancia gratuita. Una vieja butaca escolar de hierro con un cojín marrón, que alguna vez fue gris, es uno de los pocos ajuares de la casa en la que habitó quien una vez fue el dominicano de mayor influencia en el país. El único reflejo de que en esta casa habitó una familia es el medidor de electricidad que fue desconectado a causa de una deuda por 2,215 kilos de energía consumida y no pagada.

La última familia que habitó esta vivienda fue la de Bienvenido Martínez (Merunte) y su esposa Antonia, ya fallecido, padres de Fausto Martínez, residente en Puerto Plata y de su hermana que nadie sabe dónde está en Santo Domingo. La sencillez de la vivienda al parecer es un reflejo de la humilde forma de Gregorio Luperón, un mulato hijo de la negra Nicolasa Luperón, quien llegó al país de las islas inglesas del Caribe, de quien heredó la facilidad para hablar el idioma de Shakespeare.

Hay quienes propugnan porque el país rinda un homenaje a Luperón por su patriotismo y su entrega a la causa de la dominicanidad, restaurando la que fue su casa. Otros opinan que Luperón ya ha sido reconocido por los dominicanos que designaron un municipio de Puerto Plata y el aeropuerto de esa provincia con su nombre. Sin embargo, la opinión generalizada es que la casa de Gregorio Luperón debe ser rescatada y restaurada como expresión de agradecimiento a quien lo dio todo al país a cambio de nada.

Listín Diario

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