Hecho trágico: 8 personas perecen sepultadas en sus casas

Las viviendas que por años los guardaron de los torrenciales aguaceros y los implacables rayos del sol, se convirtieron la madrugada de ayer en las tumbas de dos familias que quedaron sepultadas bajo enormes pedazos de caliche en el empobrecido sector Jarro Sucio de Guachupita en esta ciudad.

La señora Catalina Feliz, de 32 años y en estado de gestación, murió junto a sus hijos Esteban, de dos años; Manuel, de seis años; Roberto, de 11 meses de nacido; Jefrey, de siete años; Francisco, de 11, y Bienvenida, de 15 años, así como su vecina Carlita Martínez de 38 años.

La señora Odalis Rosario, de 63 años, y su hija Adelina Rosario, de 30, salvaron sus vidas milagrosamente, porque la habitación donde dormían quedó en vilo y la cama se precipitó al vacío sobre los escombros que dejó el deslizamiento, provocándole fracturas de pierna y brazos.

La tragedia ocurrió a la 1:00 de la madrugada de ayer, y según cuentan los testigos, la señora Marcelina gritó y pidió ayuda a los vecinos, quienes no pudieron hacer nada para salvarla, porque quedó atrapada en el pecho por una enorme roca de caliche.

“A ella la encontramos abrazada de uno de sus hijos. Parece que ella se dio cuenta cuando empezó el derrumbe y trató de salvar a todos sus hijos, pero la puerta de salida tenía verja y candado y eso les impidió escapar”, narró el señor Francisco Santos. Foto El Nacional

De los hijos que procreó, sólo quedó vivo el pequeño José Feliz, quien lloraba desconsolado. Miraba confundido a todos lados y sólo decía tenía deseos de ver a su madre porque “hace varias semanas que no sé de ella”.

Este niño de 12 años sobrevivió a la tragedia, porque habita en casa de una tía en Sabana Perdida y su padre se encontraba en el trabajo. “Yo me llamo José. Yo me llamo Juan Carlos”, dijo tembloroso cuando los reporteros de LISTÍN DIARIO preguntaron por su nombre mientras se dirigía a una iglesia evangélica ubicada en la barriada, donde permanecían colocados en el suelo los ocho ataúdes con los cuerpos sin vida de sus seis hermanos, su madre y su vecina Carlita.

Testimonios
“Escuchamos a la señora Marcelina pidiendo auxilio para que la ayudaran a salir, pero no pudimos hacer nada. Ella estaba muy atrapada con los escombros al igual que sus hijos”, dijeron el joven Miguel Ángel Félix Saldaña y Thelma Acosta Féliz, quienes aseguran que burlaron la muerte, aunque les pisó los talones.

“Sentí que dentro de mi casa cayó un chin de tierra y me aguanté a ver que pasaba, pero me paré de la cama. Luego cayó otro más grande y me dispuse a salir.

Abrí la puerta y cuando salí fue cuando se vino toda esta montaña de tierra encima de las casas”, contó Thelma.

Dijo que cuando logró escapar de su vivienda se produjo el desplome y una hoja de zinc la atestó contra la vivienda del frente, pero aunque sufrió una herida en el pulgar izquierdo y el costillar del mismo lado intentando escapar, se siente agradecida de Dios porque salió con vida.

“Estaba oscuro y yo sentí miedo, mucho miedo y terror. Me aterroricé y me puse muy nerviosa con lo que acababa de ocurrir, pero saqué fuerzas y pude escapar con vida. Salí como loca para la avenida, desesperada y llamé a una vecina que me socorrió”, dijo. Su vecino Miguel Ángel Félix Saldaña narró que no sabe cómo fue que se salvó: “Dios metió sus manos”. “Estaba durmiendo y el derrumbe me agarró ahí adentro de mi casa.

Quedé atrapado con el zinc y me dispuse a salir, pero entonces hice contacto con un alambre eléctrico que me dio un corrientazo y creo que eso fue lo que me sacó de ese infierno”, aseguró. Señaló que el episodio que vivió en unos segundos lo llenaron de horror, porque sabía que su vecina con sus hijos estaban sepultados y no era posible sacarlos.

“Fue una cosa como del otro mundo, porque la sección de caliche que se desprendió parece que fue cortada con rayo láser. Pasó así mana. Eso fue increíble. Yo estaba muy asustado, porque primero cayó un peñón y luego todo se fue abajo”, dijo.

El rescate de los cuerpos fue una ardua tarea que le costó seis horas de labor a los equipos de socorro, dirigentes comunitarios y vecinos, según Francisco Santos. Y es que el deslizamiento de tierra sepultó siete viviendas, de las cuales apenas se veían hojas de zinc y algunos ajuares, pero los ocupantes de cinco de estas casas escaparon con vida.

La tragedia tiñó de dolor los habitantes del barrio Jarro Sucio, un sector enclavado en una pendiente en las márgenes de la avenida Francisco del Rosario Sánchez, y que colinda con el barrio Los Guandules.

Temprano en la mañana el lugar se convirtió en un hormiguero humano, donde llegaron cientos de curiosos, situación que obligó a los miembros de la Policía a colocar barreras para impedir el paso de los curiosos que se agolpaban y trepaban por los estrechos callejones escalonados para ver a las víctimas.

ADVERTENCIA
Aunque los lugareños afirman que los organismos de socorro no les advirtieron del peligro, el director del Centro de Operaciones de Emergencia, coronel Juan Manuel Méndez García, informó que desde que fue pronosticada la formación de la tormenta tropical Gustav que luego se convirtió en huracán, se enviaron equipos al lugar para sacar las personas y éstos dijeron que ellos estaban haciendo “bulto”.

Dijo que estas familias fueron sacadas del lugar recientemente como medida preventida por el paso de la tormenta tropical Fay, por lo peligrosa que es la zona para vivir

TRAGEDIA
Esta tragedia es la segunda que ocurre en el lugar, pues como recordaron los lugareños, tras el paso del huracán David se produjo un derrumbe que terminó con las vidas de seis personas.

“Eso da pena que ocurran cosas así a personas humildes que se mudan en estos lugares porque no tienen dinero para comprar una vivienda en un lugar seguro”.

En ese sentido demandaron del presidente Leonel Fernández la aplicación de un proyecto mediante el cual todas las personas que habitan en lugares propensos a derrumbes, sean ubicados en casas seguras.

La señora Thelma Acosta Féliz, quien sobrevivió a la tragedia, espera que el Gobierno la tome en cuenta y le construya una vivienda, ya que en el lugar donde vivió quedó bajo enormes pedazos de caliche.

“Esto aquí se va a derrumbar por completo. Yo no quiero volver a hacer casa aquí, porque estos terrenos están resentidos. Gracias a Dios tengo todos mis hijos vivos, porque esa madrugada todos estaban fuera”, agregó.

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